El proyecto Expostas aboga por la reflexión sobre la  imperiosa necesidad de  re-apropiación del espacio público por parte de las mujeres, como artistas y como colectivo representado. Y es que, ¿quién dijo que la calle “no es sitio para mujeres”?

Expostas está formado por:

Til  Diacrítico, entidad formada por Lorena Arévalo, Cristina Navia y Susana Maceiras, entra en contacto hace años con  Vanesa Álvarez, artista y diseñadora gráfica. De este encuentro nacen diferentes colaboraciones y confluencia de ideas que acaban por madurar en el proyecto Expostas.

Vanesa Álvarez es una brillante creadora que ya participó en las anteriores convocatorias de “Vigo, una  ciudad de  color” con diferentes murales, tanto individuales como colaborativos. Fue creadora de la imagen de Rosalía de Castro en la Casa de Galicia en Nueva  York y es la precursora, junto a Marcos de la Fuente, del Festival  Kerouac, festival de poesía que conecta Vigo y Nueva York.

Este proyecto es, por tanto,  producto de la sinergia entre un grupo de mujeres con experiencia y formación en sociología, género, diseño, comunicación, arte mural, arte participativo y  artivismo, lo cual dota a Expostas de un sentido más allá de lo “urbano”, más allá de lo representado.

 

Que el arte urbano es una disciplina  predominantemente masculina es algo que no sorprende a nadie. El habitual, cuando preguntamos a un artista urbano sobre este hecho, es que se encoja de hombros y responda con un  apático “sí, es verdad”. De este modo, los miembros del colectivo aceptan, sin buscar explicación, que efectivamente resulta complicado encontrar mujeres que, en su campo, disfruten de su mismo nivel de reconocimiento. Si esta diferencia es #deber a una cuestión de desinterés por parte de las potenciales artistas femeninas, o la una consecuencia directa del absoluto predominio masculino en el cerrado y cohesionado grupo de artistas urbanos, es un tema sobre lo que merece la pena reflexionar, si bien la respuesta parece clara. Y es que, ¿qué argumentos me los podría esgrimir, más allá del evidente: que el campo del arte urbana, como otras disciplinas artísticas, encontrara  predominantemente dominado por hombres? Y eso no se debe, desde luego, la que no existan excelentes mujeres artistas capaces de darles réplica: las obras de arte realizadas por mujeres representan el 65% del total de la producción del arte contemporánea, mientras el mercado visibiliza mayoritariamente el trabajo de los hombres, según datos ofrecidos por  MAV (Mujeres en las Artes Visuales) tras estudiar la presencia femenina en la última edición de ARCO. Así, lejos de reconocerse cómo creadora, la mujer parece quedar relegada al eterno papel de la musa inspiradora.

Por este motivo, es necesario reivindicar el papel de la mujer en la creación  muralística internacional, no solo porque, como se indicó, existen grandes creadoras cuya labor merece ser reconocida, si no porque la única forma de  aportar una visión femenina del mundo es hacerlo a través de los ojos (y las manos) de una mujer.

 

Resulta no sólo interesante, si no necesario, analizar  cómo es abordada, tradicionalmente, la naturaleza de la representación femenina en el arte contemporáneo en general, y en el arte urbano en particular. La importancia de analizar la representación de la mujer en el arte urbano, y de buscar formas de figuración que contribuyan al  empoderamiento de la mujer a través del arte, estriba en que las imágenes son eficaces herramientas de creación, reproducción y transmisión de significados. La construcción de la realidad conocida por el imaginario colectivo se realiza de manera conjunta a través de la aceptación de las imágenes transmitidas. La transmisión de una imagen falsa, genera una falsa creencia, que terminará siendo socialmente aceptada.

El potencial del arte urbana como vehículo conductor y difusor de significados es incuestionable, dado que, debido a su emplazamiento (el espacio público), los mensajes vertidos a través de las piezas adquieren una fuerza y un calado superior la otras manifestaciones plásticas. Esto es debido, fundamentalmente, la dos hechos: el primero, su localización, pues un mensaje difundido en la calle, sin duda, tiene una capacidad de impacto cuantitativamente superior a lo que puede tener una obra reservada al público minoritario que visita una galería o una sala de exposiciones. En segundo lugar, y nuevamente, vinculado al espacio en el que se  inserta el mensaje, el contexto urbano  re-significa la pieza, ofreciendo un marco conceptual que determina la lectura y lo que de ella se extrae.

En muchos aspectos, la mujer sigue siendo relegada a la esfera privada de la vida doméstica. Un repaso por la historia del arte moderna y contemporánea más  academicista (aquella cuyas piezas podemos encontrar en los museos) muestra claramente el papel que el  patriarcado concede a la mujer, la representación de la  cotidianidad de ese “ángel del hogar” diseñado por el capitalismo liberal burgués y masculino: salones, habitaciones, muebles… elementos de gran carga simbólica que representan el vínculo que la sociedad patriarcal trazó entre la mujer y el espacio privado.

De ahí la importancia de visibilizar la mujer en la calle, no solo como artista, sino como motivo de creación.

 

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